El ejercicio de gobierno debe de ser compartido, no hay ganadores ni perdedores absolutos, quien gobierne para poder impulsar proyectos, programas y en general todo tipo de políticas públicas requerirá del conceso con las diversas fuerzas políticas del país, ya sean las cúpulas partidistas, los grupos parlamentarios, los gobernadores o incluso los grupos empresariales. Asimismo y a la par de esto, una de las múltiples funciones de la sociedad, implica actuar en forma más o menos organizada en grupos de interés demandando sus necesidades y fiscalizando el ejercicio del poder, así como el gasto o ejercicio del presupuesto. Otra función de la sociedad no menos importante, y que sirve para evitar la perpetuación en el poder y controlar el acceso al mismo de grupos, partidos y cacicazgos son las elecciones periódicas de nuestros gobernantes; pues resulta absurdo el pensar que hay quienes creen que el poder es eterno, y máxime en un país democrático como el que aspiramos y anhelamos que se convierta México.

Demostrado ha quedado en diferentes momentos históricos, contextos y procesos electorales, que la sociedad convertida en el gran elector ha propiciado cambiar el rumbo de un municipio, un estado o incluso el país mismo; optando así por diferentes opciones a las que regularmente venían gobernando, y con ello se han modificado los estilos de gobernar. Así la ciudadanía se ha permitido poner a prueba y comparar entre la forma en que gobierna uno u otro partido.

Por ello como ya lo mencione, resulta absurdo pensar que hay personas, grupos y partidos que se aferren al poder, al ejercicio del gobierno; cuando las derrotas electorales pueden y deben ser canalizadas en lo positivo, es decir, en momento de reflexión, momentos de autocrítica, momentos de análisis y actuar en consecuencia, ya sea modificando a su forma de actuar, mejorando sus procesos de selección de perfiles, o incluso hacer una purga de militantes por “x” o “y” motivo.

Una derrota no puede ni debe ser vista solo como un fracaso, las derrotas pueden ser oportunidades para el cambio y reflexión, son sin duda alguna una llamada de atención de que algo no salió bien, ya sea el propio candidato, el actuar de un gobierno saliente. Esto sin dejar de lado el papel jugado por el partido político.

Habría que recordar que estamos ya muy próximos al proceso electoral del año 2012, año en el cual se renovara la presidencia de la república, gubernaturas, diputaciones y senadurías, así como municipios a lo largo del país. Ante ello, bien valdría la pena escuchar autocritica de los partidos en México, que se debata si la más reciente reforma electoral cumplió sus objetivos, o se quedó corta, debatir sobre nuestro modelo y sistema de partidos, sobre las candidaturas ciudadanas, sobre la reelección en alcaldes y diputados.

¿Si no es ahora entonces cuándo?

Héctor Ruíz

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