En la era de la globalización y la mundialización de los procesos, economías y constantes sociedades en movimiento, donde la economía se ve inmersa dentro de un mercado de competencia cada vez más cerrado en cuanto a las diferencias entre un productor y otro, y donde la competencias de las grandes empresas y sus producto ya no solo se da al interior de un país, sino que abarca un sin número de naciones y mercados altamente competitivos. El conocimiento se ha convertido en el principal recurso económico, un recurso mucho más valioso que la posesión de materias primas o una cierta dimensión territorial. Drucker (1993) el gran gurú del management califica a la “sociedad poscapitalistas” como una sociedad en la que el capital ya ha dejado de ser el recurso fundamental, pasándole el testigo al conocimiento y a la información. Ahora, éstos constituyen la “nueva infraestructura” que soporta todo el tejido productivo y la organización social.

Y es en esta sociedad donde comienza a cobrar importancia aquellas profesiones que permiten la introducción de estos conocimientos expertos en el sistema social y económico denominadas “simbólico-analíticas” debido a que su función primordial es la de resolver problemas y ocuparse de la gestión estratégica (strategic brokering) mediante la manipulación de símbolos.

Dentro de estas profesiones se encuentran toda clase de ingenieros con especial énfasis sobre las nuevas tecnologías, bancarios, abogados especializados, expertos en contabilidad, en materia fiscal, diversos consultores, etc.; incluso profesores universitarios, cuya función principal consiste en “simplificar la realidad en imágines abstractas que pueden ser reorganizadas, amañadas, experimentadas, comunicadas a otros especialistas y entonces, transformar de vuelta a la realidad.

Esto es, dentro de estos cambios vertiginosos en los que se ve inmerso nuestro mundo y en especial nuestra sociedad, cobra especial relevancia la educación y formación de los jóvenes, así como la profesionalización y expertis de quienes conducen o dirigen parte del entramado o tejido social desde los gobiernos en sus tres niveles (federal, estatal y municipal). Ante ello, resulta de vital importancia revisar y replantear el apoyo económico que se destina en materia de educación, pues es aquí desde donde se solidifica, se fomenta y se fortalece el conocimiento, visto ahora como un recurso más valioso que cualquier materia prima.

En resumen, un pueblo, nación o sociedad sin conocimiento, sin un pueblo formado y educado, sin respaldo o apoyos importantes a la educación, está destinado al fracaso, está destinado a no salir del hoyo, y a ser un simple observador de cómo otras naciones y sociedades emergen del bache profundo en el cual se venían manteniendo. Pongamos especial interés en países como Chile, donde sus indicadores en todos los aspectos han ido mejorando notablemente, o bien, Brasil que ha venido tomando la batuta de ser la economía líder en América latina, incluso por encima de México; en ambos casos la educación ha transformado a sus sociedades.

Sociedades como la nuestra, deberían poner especial atención en estos temas para el desarrollo de la misma, y no así, escatimar en el apoyo económico a universidades e infraestructura para la educación en México.

Héctor Ruiz

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