Hace no mucho tiempo tuve la oportunidad de estar presente en la reunión que habitualmente sostienen un grupo de personas proactivas, que se hacen llamar La Red de Profesionales de la Administración Pública y la Ciencia Política de Jalisco, quienes cotidianamente organizan los Diálogos con liderazgo, donde invitan actores públicos, políticos, académicos y personajes relevantes de nuestra sociedad; a dicho evento acuden los invitados en cuestión para hablar libremente, fuera de todo guión o protocolo sobre su trabajo, su proyecto o su visión de las instituciones públicas y en general la vida política de Jalisco y México.

En aquella ocasión el invitado fue Diego Monrraz Villaseñor actual Secretario de Vialidad y Transporte del Estado de Jalisco, y aspirante por el Partido Acción Nacional a la alcaldía del municipio de Zapopan.

Traigo esto a colación por lo siguiente: Una de las asistentes e integrante de la RED, palabras más, palabras menos, le cuestiono al Secretario de Vialidad sobre sus acciones concretas para combatir la corrupción de los agentes de tránsito del estado. A lo que Diego Monrraz muy enfático replico: …….que sus policías viales no son corruptos, que en todo caso los corruptos son todos aquellos ciudadanos que ofrecen mordidas a los agentes viales. Teniendo cierta razón al respecto, pues según la ley se le castigara tanto al que otorga la dádiva como al que la recibe, pero se olvido de decir que en muchas de las ocasiones, quienes piden la dadiva son los agentes viales, asustando a los conductores con retener el vehículo o imponer infracciones inexistentes o elevadas. Sin embargo hubo quien le reviro el comentario diciéndole que efectivamente tan corrupta es la gente que da las famosas mordidas, como quien o quienes la reciben (en este caso los agentes viales); pero para cerrar con broche de oro el comentario del Secretario de Vialidad, Diego Monrraz dijo “sic”…..además somos seres humanos y está dentro de la naturaleza humana la corrupción y las malas prácticas…….

Es decir, el funcionario estatal una vez más se salió por la puerta fácil argumentando que es la naturaleza humana y que las prácticas corruptas en las instituciones públicas siempre existirán, pues estas se componen se personas, y las personas son corruptas por naturaleza.

A todo ello, se me vino a la mente que la mejor respuesta a tan pobre muestra de complacencia sería una paráfrasis de un personaje de La reina de África que dice: la naturaleza humana es aquello a lo que han de sobreponerse las instituciones de este mundo; para eso las tenemos. Precisamente porque los hombres no somos ángeles, es que recurrimos a las instituciones, sus normas y criterios: para que nos ayuden a refrendar y canalizar los habituales impulsos humanos que nos incitan a mentir, hacer trampa y robar (entre otros numerosos defectos que nuestra especie trae naturalmente de fábrica). Cuando las instituciones se convierten en escenarios para expresar o facilitar a la codicia, la lujuria, la cobardía y el egoísmo, lo que contemplamos no es algo “natural”, sino corrompido.

Este pasaje nos enseña mucho, y da puntual contestación a una visión miope de Diego Monrraz Villaseñor actual Secretario de Vialidad y Transporte, quien justifica la existencia de actos de corrupción en su dependencia, aludiendo que al fin y al cabo somos seres humanos y es nuestra naturaleza el ser corruptos. Y al no querer reconocer el problema grave de corrupción en su dependencia (dice que sus policías viales no son corruptos, sino que los corruptos son los conductores que le ofrecen dádivas a sus policías), desaprovecha la importante oportunidad de demostrar que el puede hacer bien las cosas; cabe aclarar que el problema de la corrupción en la Secretaría de Vialidad no es nuevo, ni exclusivo de este gobierno, sino que es un problema que se ha venido arrastrado por muchos años.

Yo diría que para comenzar a resolver los problemas, primero hay que empezar por reconocerlo y conocer de su existencia, porque cuando no se acepta se corre el grave riesgo de hacer un diagnostico erróneo de la situación, y que las medidas o acciones que se tomen al respecto, lejos de disminuirlo o erradicarlo, puede incluso llegar a estimularlo ante la mirada complaciente de quienes tienen en sus manos la solución.

Héctor Ruíz

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