Existe en el imaginario de los mexicanos una desconfianza a todo, de hecho nuestro sistema político electoral está construido sobre la base de la desconfianza. Credencial de elector con muchas medidas de seguridad para ser infalsificable, elección con muchos filtros donde participaron representantes de casilla de todos los partidos, observadores electorales, ciudadanos voluntarios que fueron insaculados y convertidos durante la jornada en funcionarios de casilla (presidente, secretario y escrutadores) en cada casilla a lo largo y ancho de todo el país; consejos distritales, municipales, estatales y el federal. En fin, está es una de las elecciones más cuidadas y observadas en todo el mundo.

Aún así, existen grupos perversos que denuncian “la compra de votos” y “el fraude electoral”, entre otras muchas más anomalías. Situación que siembra la duda entre aquel o aquellos ciudadanos que no votaron por quien salió vencedor en el proceso (según el IFE). Esto termina por erosionar la ya de por si pobre cultura democrática mexicana. Y máxime que en nuestro país es una nación que contra viento y marea ha venido consolidando su democracia, dando poco a poco, paso a paso señales de ser un país democrático. Primero a nivel gobierno de los estados se vinieron dando triunfos importantes de la oposición, después fue la alternancia en el 2000, donde el PRI reconoció su derrota y se propicio la alternancia en el poder, ahora en el 2012 se demuestra una vez más que nuestro sistema electoral y nuestra democracia están en franca consolidación, tras propiciarse de nuevo la alternancia en el poder, tras el regreso del PRI a los pinos. Cuestión que favorece las inversiones extranjeras, así como el intercambio comercial con otras naciones, tras demostrar la estabilidad política de México.

Sin embargo, hay grupos que se empeñan a hacer todo lo contrario, y utilizando como pretexto la historia de los gobiernos del PRI y su régimen autoritario que duro poco más de 70 años, argumentan cuestiones inverosímiles que terminan por dañar y mucho al país, pues recordemos que imagen es percepción, y si las notas en el mundo hablan de un supuesto fraude, la imagen de nación democrática deja mucho que desear.

Se tiene todo el derecho a impugnar el proceso, y pedir mediante los causes legales y con los argumentos y pruebas contundentes, se revise la elección. A lo que no se tiene derecho es a descalificar el trabajo de cientos de miles de personas que participaron en el proceso electoral, y a querer litigar y dar un veredicto de culpable en los medios, utilizando ruedas de prensa, comunicados, etc.; la denostación, descalificación dividen a las sociedades, que ya de por si vienen de un proceso pesado de lluvia de publicidad electoral que canso y harto a la gente, así como del enfrentamiento y guerra sucia entre los candidatos de todos los niveles.

Por ello, el pensar en una reconciliación entre la sociedad se antoja imposible, mientras no cesen los grupos que se empeñan a dañar la imagen de México, grupos que pretenden secuestrar la tranquilidad y paz social en el país, grupos que incitan a la confrontación, grupos que pueden llevar al país a un hoyo profundo lleno de más incertidumbre y desconfianza en las instituciones.

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