Dentro de la necesidad de inundar la política de nuevos sentidos, prácticas y desafíos, es importante re vincular lo social y lo político, la sociedad comienza a sentir que la política le pertenece a todos y todas y que como instrumento de transformación de la sociedad era importante recuperarla.

Tal como lo planteó Norbert Lechner, la política es un proceso complejo de construcción del futuro que deseamos, un espacio de disputa, de acuerdo, de negociación, de conflicto y de diálogo, donde los sueños, las aspiraciones y las utopías deben tener cabida. Hoy en día desde la perspectiva ciudadana la política es vista como la administración del poder en el marco de un espacio muy reducido de decisiones y opciones de futuro. El espacio no de lo deseable, sino de lo posible.

Para hacer una analogía, digamos que la política, como la entendemos, es una alameda: podemos utilizarla como un camino para ir de un lugar a otro, pero también podemos habitarla, sentarnos, conversar, jugar con nuestros niños y niñas. Podemos utilizarla como un espacio para soñar e imaginar y podemos caminarla en distintas direcciones. Una alameda es a la vez camino y lugar. La política tal como existe hoy, al contrario, se parece más a una carretera: todo rápido, no hay tiempo para nada más que para conducir en una sola dirección, sin importar a donde nos lleve la ruta. En una carretera solo se conduce, no se juega, no se dialoga, no se sueña.

La política pareciera estar al servicio de un modelo de sociedad que no requiere (ni quiere) espacios de deliberación, conversación, opinión, ni crítica. Las definiciones de fondo ya están hechas, ya están tomadas. El margen de movimiento es pequeño, no es sustantivo.

Ante ello, comienzan a surgir movimientos y/o candidatos que se autodeterminan como ciudadanos e independientes, utilizando la bandera del ciudadano y el repudio a la política y los políticos, pues identifican y replican un discurso que la sociedad quiere escuchar.

Los partidos políticos tienen que encender lo focos de alerta, de digerir y comprender el mensaje que los electores llevaron a las urnas; entender que la sociedad está llegando al hartazgo de la ineficiencia de gobiernos que han sido incapaces de satisfacer sus elementales necesidades.

El reto es grande y el no prestar atención a ello prorroga traer consigo consecuencias dramáticas para la clase política, de no saber escuchar a tiempo y reacción en forma eficaz ante ello.

A la vez par, la sociedad esta dando un giro importante, pues nos guste o no, tenemos una realidad muy diferente a la de 20 años o incluso hace 5 años, pues la internet junto con las redes sociales han venido a despertar un muerto viviente, un ciudadano que cada vez es más crítico, más exigente y demandante de resultados. Esta sociedad cuenta hoy en día con un arma poderosa que en cuestión de minutos interactúa y moviliza con cientos o miles de personas con las cuales intercambia opiniones, criticas agudas y denuncias que antes no se animaban a hacer, o que no encontraban el eco social que ahora las redes sociales permiten.

Se podría entonces afirmar que poco a poco la ciudadanía se esta politizando, ya sea en forma individual o en forma grupal a través de grupos activistas, ong’s, etc.

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